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Cerrar la Gran Vía al tráfico ¿De verdad hemos tenido que llegar a esto?

Una de las propuestas que más se ha barajado estos días es cerrar, definitivamente, la Gran Vía al tráfico de vehículos privados. Los motivos aducidos es que las ciudades peatonales son más eficientes, son más cómodas y generan mucha menos contaminación.

Creemos que los dos primeros son un objetivo noble y recomendable, siempre y cuando la gran mayoría de personas esté de acuerdo, ya que no parece lógico que quien haya comprado un coche y pagado impuestos, tenga ahora que renunciar a gran parte de su utilidad.

No obstante, nos asusta que ante el desafío del cambio climático y de la contaminación la solución sea la prohibición. Quizás estas palabras desaten algo de polémica, pero parece mentira que una civilización que soñaba con el coche volador para el año 2000, se esté conformado con prohibir los vehículos de gasolina, ya que los eléctricos han llegado demasiado tarde.

El esfuerzo de la industria automovilística no se ha centrado en eliminar el coche de gasolina, sino que lo ha potenciado a dimensiones realmente escandalosas. No estamos diciendo que nos parezca mal cortar la Gran Vía al tráfico, pero siempre, en un mundo ideal, debería hacerse esto porque así lo quisiéramos todos y no porque el nivel de contaminación nos haya desbordado.

Resulta impactante como hemos menospreciado los efectos del cambio climático. Hemos preferido, como los niños, cerrar los ojos y pensar que si no lo veíamos, él tampoco nos podía ver a nosotros y por ende, el problema desaparecería.

Por todo ello, resulta manifiestamente evidente que cerrar una de las arterias de la ciudad a consecuencia de que no hemos sido capaz de ser responsables con nuestro planeta, no es una noticia de orgullo político, sino un fracaso del ser humano, particularmente de los madrileños.

 

Pero no todo es malo

 

Efectivamente, no todo es malo. Como decíamos, ningún partido debería sentirse orgulloso de prohibir por ser ya demasiado tarde para optar por otras opciones, sino que es motivo de vergüenza.

Aun así, no todo es malo, ya que si es cierto que un centro peatonal, accesible a todo el mundo y en el que el ruido no sea un problema para los vecinos, es una idea muy atractiva. Sobre todo a nivel turístico.

No obstante, nos preguntamos, de implementarse esta medida en el futuro que pasará con los vecinos del centro que necesariamente tienen que coger el coche.

 

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